jueves 1 de septiembre de 2011

La tierra y los extraterrestres

Ya no recuerdo si era Obama u Osama, pero me dijo: “flaco, tenemos que ganar”. Le respondí que no se preocupara, que así como América para los americanos, la Tierra, para los terrícolas.

Cuando desafié a los extraterrestres para un partido de fútbol que decida quién se quede con la Tierra (tipo Space Jump), ellos aceptaron. No obstante, no gozaban de las extremidades necesarias como para tal contienda, así que acordamos que podían resucitar a viejos trabajadores de la hacienda San José, por lo que bautizaron a su equipo como “Los muertos vivos”.

Yo sabía que Los muertos vivos iban a llegar bien preparados. Tenían buen físico y aparentemente, eran duchos en ejecutar jugadas de “pelota parada”. Sólo ese dato me consiguieron del rival. Nuestros espías nunca regresaron, lamentablemente. Es decir, o los mataron o los compraron (da igual). Sólo quedaban 10 días y había mucho que planificar.

El partido se jugó en el Nacional. Las entradas costaron un millón de dólares (incluían café, canelones y esas cosas). Para los extraterrestres habíamos reservado la popular sur, para los terrícolas norte, para los políticos occidente y para los judíos oriente. 10 000 efectivos policiales resguardaron el Coloso del José Díaz.

Consciente de que no tenía la capacitación necesaria para entrenar a nuestros guerreros. Hice la convocatoria y llamé a Mou para que nos dirija. Solo 13 jugadores estaban permitidos (11 titulares y 2 en banca). Alineábamos de la siguiente manera: En el arco, Oscar Ibáñez; en defensa, Roberto Carlos, Frank de Boer, Lugano y Cafú; en la volante, Makelele, Pirlo, Shawnsteiger y Xavi; en ofensiva, Messi y el Malingas Jiménez. Nuestra banca la conformaban Ronaldo y Pelé.

Aparte de Mou, los tratamos con un grupo de astrólogos y psicólogos. El último día, un cura croata los bendijo, para asegurar la victoria. Había fe, había esperanza. En la charla técnica, para motivarlos, les enseñamos imágenes de los paisajes más hermosos de la tierra y de las flacas más ricas. Les contamos que René Ortubé arbitraría y que además, Bilardo se había infiltrado como aguatero del equipo rival.

Luego del pitazo inicial, un muerto desbordó por izquierda; Cafú lo frenó, metió un pase de 50 metros para que corriera Messi, éste llegó a la línea, sacó un centro y el Malingas lo conectó de cabeza. ¡Era el 1-0 para la Tierra! El estadio estallaba de júbilo.

A partir de ese momento, nos replegamos, jugamos a la defensiva, retrocedimos nuestras líneas. Los laterales no subían y Makelele y Pirlo parecían dos defensores más. Se caía de maduro que no podíamos aguantar los 90 minutos, por más que desde las graderías se oía el aliento de nuestra gente.

Así fue como al minuto 70, a través de un tiro de esquina, el muerto vivo camiseta número 9 jaló la marca de Lugano y el número 10 la empalmó de volea. Ibáñez atajó a mano cambiada y el 9 ahora desmarcado aprovechó el rebote para sellar el empate.

Mou decidió meter a Pelé y a Ronaldo y sacar a Messi y a De Boer. Nos quedábamos con 3 en el fondo. A partir de ahí arremetimos contra los muertos vivos. En tribuna norte se escuchaban los cánticos iracundos de los terrícolas, quienes acompañados con la Guitarra eléctrica de un grupo de Punk Rock, cuyo nombre no recuerdo, entonaban “Poropo po, Poropo po, el que no salta es un muerto maricón”.

En el 85 tuvimos un disparo en el palo de Pelé y a partir de ahí, los muertos se nos vinieron encima otra vez. Gracias a la figura del partido: René Ortubé (quien anuló un gol legítimo a los muertos, les expulsó a su DT y no les cobró un penal luego de que Lugano dejara parapléjico a su número 10), acabamos los 90 minutos igualados a uno. Se venía la tanda de penales.

En las tribunas esperaban abrazados el Papa con el Dalai Lama, los judíos con los árabes, los de River con los de Boca, los gays con los homofóbicos y los demás alcahuetes presentes. Ese día, todos éramos Terrícolas.

Cuando el muerto camiseta número 69 se acercó a patear su primer penal, se persignó y desapareció. Lo mismo pasó con los 10 muertos restantes. Dada aquella situación, fueron invitados los representantes de la delegación invasora a tirar sus penaltis.

Sin embargo, se negaron rotundamente. Acto seguido, firmaron la capitulación y pidieron hablar conmigo. “Te queremos en nuestro planeta. A cambio daremos 79 vírgenes, anchovetas en conservas, discos de Sabina y sólo trabajarás 20 horas a la semana”.

Al negarme ante aquella propuesta, me ofrecieron el doble. Ya de esa manera me vi en la necesidad de aceptar y desde aquí les escribo para comunicarles dos cosas. A saber,
1) No se preocupen que los extraterrestres no intentarán conquistarlos otra vez
2) Pero eso sí, si sustedes salen en sus naves a colocar sus banderitas por nuestros lares; les enchufaremos la estaca en el ojete.

7 comentarios:

HARAVICU dijo...

Carlitox, me tuviste en suspenso todo el tiempo. Si nunca pensé volar, menos lo haré con la amenaza final. Disfruta de lo que te tocó por irte con ellos aunque se que lo has hecho por los Terrícolas. Está claro que los muertos siguen haciendo cosas por lo que me queda claro que "Los Muertos Viven"

carlitox dijo...

Los muertos vivos!! Los muertos vivos!!

ALFONSO dijo...

Una historia amena, pero con dos errores: Uno, no era necesario hablar de la estaca. Dos, el término correcto es: ¡Los Muertos viven!!!

carlitox dijo...

Los muertos viven,
cuando los humanos
su terquedad exhiben.

PD: ¡LOS MUERTOS VIVOOS!

Lucho dijo...

Espero que le haya ido bien a Carlitox pues, despues de examinar detenidamente la propuesta de los "alienigenas" (o se debe deir "alienados"?)no hay ningun tipo de seguridad de que se trate de virgenes femeninas (Quiza por eso lo de la estaca)
En cuanto a los muertos, como decia mi amiga Dot, ellos tambien pueden cambiar de opinion. (es esta ultima frase congruente con el relato? Realmente no se pero me gusta.
En cuanto a Carlitox espero que haya llevado su vaselina porsiaca.

Lucho dijo...

Una nota adicional; los comentaristas no deben confundir al equipo "los muertos vivos" con frases hechas como esa que mencionan: Los muertos viven, y en el caso que vivieran deben de vivir lejos ya que no los encuentro.

carlitox dijo...

Lucho, entre 79 vírgenes no hubo hombre alguno, pero todas ellas, estaban para que les rece, así que aquí estoy otra vez.

Hoy era el último día para envíar los textos a los Juegos Florales de la universidad. Participé con un poemario cuyo título hace honor a la dirección del blog (que no el nombre). De ello, fácilmente se desprende que me he quemado las pestañas las últimas semanas en el tema, por lo cual ahora cuento con un serio déficit académico (de lecturas y estupideces). Así que espero no retirarme muchos días del blog y de ustedes.

Saluts, don Lucho.