jueves 24 de noviembre de 2011

La hipótesis de la simulación, ¿vuelve el genio maligno de Descartes?

La hipótesis de la simulación propone que vivimos en una realidad simulada, por uno o varios simulantes, que están presentes en un mundo distinto al nuestro y que jamás podremos alcanzar.

La realidad simulada es distinta a la realidad virtual. Esta puede ser fácilmente advertida, mientras que en aquella, los sujetos que la conforman no son conscientes de la simulación.

La idea de que la realidad es una ilusión no es nueva y ha quedado registrada a través del pensamiento de Parménides, Platón y Descartes que condensa especialmente en su Dios maligno, además del dualismo mente-cuerpo.

Esta hipótesis que es bastante antigua, hoy en día, se refleja en la corriente del transhumanismo y en películas de ciencia ficción como Matrix, Avatar, Dark City y muchas otras.

Asimismo, en la actualidad, uno de los principales defensores de la hipótesis de la simulación es el filósofo Nick Bostrom, quien sostiene que existen razones empíricas interesantes para creer que podemos encontrarnos dentro de una simulación-ancestro.

Estas razones interesantes, se basan en que, según Bostrom, lo que posibilita que los humanos tengan conciencia no es la forma material de su cerebro, sino su estructura computacional. Sumado a ello, dado que la capacidad de cómputo que se ha alcanzado en estos tiempos es bastante alta, se puede inferir que una civilización posthumana que alcance un nivel tecnológico mucho más elevado, sería capaz de llegar a simular mentes humanas.

De esta manera, Bostrom propone el siguiente trilema formulado con una lógica temporal, que determina que al menos una de las afirmaciones sea verdad:

1) La fracción de civilizaciones del nivel de los humanos que alcancen un estadio posthumano es muy cercana a cero;
2) La fracción de civilizaciones posthumanas que están interesadas simulaciones-ancestras es muy cercana a cero y
3) La fracción de todas las personas con nuestra clase de experiencias que están viviendo en una simulación es muy cercana a uno.

Lo irónico de quienes se espantan ante la posibilidad de existir en una simulación-ancestro, es que suelen esperanzarse en que la primera afirmación sea verdad. Es decir, prefieren creer que el humano se va a extinguir antes de alcanzar un nivel de cómputo impresionante, que aceptar la probabilidad de vivir en una realidad simulada. Por otro lado, si la afirmación 2 fuera verdadera, cosa difícil dada la curiosidad y menesterosidad innata del homo sapiens, también sería poco factible que seamos parte de una simulación-ancestro.

Sin embargo, si la afirmación 3 fuese verdadera, lo más probable es que seamos parte de una simulación-ancestro. Lo cual a su vez permite imaginar que nuestros simulantes también podrían ser a la vez simulados y así sucesivamente. Si fuera el caso, de suyo, existirían más mentes simuladas que mentes orgánicas. Razón que impediría que todos los pensamientos e incluso acciones sean vigiladas.

Ahora bien, también existen argumentos para oponerse a la hipótesis de la simulación. Los más radicales, son fruto de convicciones religiosas y no de pruebas científicas. Se me ocurre ahora, que sería inaceptable creer que Jesucristo fue enviado a una realidad simulada, para salvar mentes simuladas por computador. Aunque, de todos modos, la teoría del creacionismo coincide con la hipótesis de la simulación al señalar que el espacio-tiempo-físico y su contenido fueron creados por seres fuera del espacio-tiempo-físico.

Motivos serios también existen. Uno de ellos se apoya en el sentido común que intuye que en una simulación de computador debería haber fallos técnicos o interferencias. De manera que tales desperfectos, tendrían que afectar a las leyes naturales. Al mismo tiempo, la probabilidad de que los programadores del universo tengan un conocimiento de física tan grande, que no se les escape ningún detalle acerca de todas las leyes naturales es infinitamente pequeña. Con estas condiciones, los programadores tendrían que incluir de cuando en cuando ciertas modificaciones en las leyes físicas que gobiernan el universo y los científicos simulados podrían notar tal variabilidad.

Otra manera de poner en tela de juicio la hipótesis de la simulación, consiste en utilizar la “Navaja de Occam”. Este método sugiere que en igualdad de condiciones, ante dos o más explicaciones posibles para un fenómeno, la explicación más sencilla o con menos entidades tiene más probabilidades de ser la correcta. Y es más sencillo pensar que la realidad que experimentamos es lo que es, que creer que es producto de una simulación-ancestro. Sin embargo, vale la pena mencionar que la Navaja de Occam es un heurístico y no una verdad axiomática, por lo que no asegura la solución de todos los problemas, sino la de la mayoría de ellos.

2 comentarios:

clariana dijo...

Hoy tengo que decirte que me resulta francamente difícil comentar tu post filosófico.
Sólo se me ocurre diferenciar entre los seres "mutantes" los "robots" u otras criaturas que he visto por el medio del cine y las personas que procedemos de una forma natural de nacimiento, a través de la relación de nuestros padres y por medio de nuestra madre.
Y que Descartes no me gusta nada, por sus teorías con respecto a los animales.
Un saludo con afecto.

Carlos dijo...

El día que tengamos la tecnología suficiente como para iniciar una simulación (si antes no nos destruimos), no creo que haya quién pueda impedirlo. Y a partir de ese momento, observaremos también como nacen bebés, a través de la relación de sus padres y de forma natural. Más adelante, constataremos cuando esos bebés crezcan, que creen vivir en una realidad que no es tal, y que por mucha conciencia que tengan de sí mismos, jamás podrán alcanzar nuestro mundo (y nunca podremos saber si nosotros igualmente somos simulados).

Sobre Descartes, bueno, creo que hay que tomar en cuenta el justo contexto. En el siglo XVII, no me parece tan condenable suponer que los animales son autómatas. También fue descabellado que dijera que en la glándula pineal se conectaban cerebro y alma o cerebro y mente. Sin embargo, es Descartes quien trae a Occidente la primera y básica certeza -superando al genio maligno- que es la propia existencia: puedo pensar, por lo tanto existo.

Un saludo.